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El deseo y la infidelidad

Qué tema tan complejo es la infidelidad, parece tan dicotómico, entre «parejas buenas o malas»

Proyectos que se derrumban cuando el deseo no es guardado, cuando las elecciones y las decisiones llevan a la mentira, al quebranto de la confianza.

El deseo es tal, toma un lugar tan fuerte, que rompe relaciones de años, familias. Bueno, no el deseo en sí, el deseo aparece casi inevitablemente, más bien el engaño.

Hay otras opciones de relaciones, que algunos intentan éticamente, con consentimiento de todas las partes involucradas. Pero parecen opciones muy lejanas, desconocidas, problemáticas.

Intentar una relación así, puede poner en riesgo el vínculo para quienes toda su vida han consumido películas, música y cultura que sólo conoce una forma de relacionarse, y esa única forma es de por sí difícil. Agregar más factores, más acuerdos, más trabajo en el manejo de celos y confianza, suena desgastante y retador.

Lo digo desde afuera, desde la perspectiva de alguien que jamás lo ha intentado. Me considero abierta y moderna en algunas cosas, pero seguro hay muchas como éstas que no me atrevería a intentar y eso está bien, no tiene por qué ser una regla, no todas las personas tenemos que intentar todo.

Pienso mucho en el deseo y en el compromiso, unos días me siento tan preocupada por ser engañada, aún cuando no hay forma de controlar a otra persona, aún cuando las muestras de lealtad son altas. A pesar de eso, a veces pienso en ese deseo que puede no contenerse, en la decisión de permitir que alguna persona entre. 

Esos días que pienso en eso, me imagino el fin de mi relación, me hago escenarios falsos, catastróficos y dolorosos.

Otros días, cuando hago esos escenarios poco saludables en mi cabeza, creo que me da más miedo en la imaginación que lo que realmente fuera a suceder. No digo que sea poca cosa, se rompen muchos acuerdos, promesas y seguridad que cuesta años construir, pero a veces creo que maximizo eso en mi cabeza y de hecho sé que no es saludable pensar mucho en eso.

Una persona infiel, a mí no me parece la peor escoria del mundo, como la sociedad nos hace ver. Las personas que son infieles (y las personas en general) somos más complejas que el concepto “bueno” o “malo”. Las personas infieles desde mi punto de vista, tienen carencias, tienen miedos no resueltos, tienen dificultad para el compromiso y sobre todo para la vulnerabilidad.

Abrirte ante alguien, emocional y físicamente, con quien tejes una relación semi secreta, puede no solo ser corporal, también hay algo de compañía y complicidad en las heridas y carencias que comparten o se complementan.

No creo que nadie merezca ser engañado y nada excusa el ser desleal, pero mirar solo desde el prejuicio a quienes fueron infieles, también me parece muy moralista. 

Cuando escucho comentarios como “claro, esa relación ha durado mucho porque se perdonaron hasta engaños” igual pienso en la actitud moralista de quienes lo dicen, perdonar infidelidades no me parece humillante per se.

Creo que las personas pueden cometer grandes errores, no porque no sabían lo que implicaba y todo lo que ponían en riesgo, sino por muchas otras razones.

Ver desde la lástima a quien decidió perdonar me parece paternalista, las relaciones son complejas, los seres humanos lo somos.

No trato de justificar a nadie, pero como te decía, llevo mucho tiempo pensando en el deseo, en las relaciones y sus implicaciones.

¿Qué hacemos con el deseo que sentimos?, ¿Cómo cuidamos nuestras relaciones? Si disfrutamos el coqueteo, el desafío de conquistar, de seducir y las emociones que se pueden sentir ante lo desconocido, podemos proponer interacciones con nuestra pareja estable como citas distintas, formas y juegos nuevos. 

Si la fidelidad en la monogamia se siente retadora, es importante ver el deseo no como algo prohibido que debemos dejar guardado en un cajón, sino ver ese deseo, esa búsqueda de seducción, como una invitación para que descubramos nuevos juegos con quien amamos y queremos cuidar.


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