No hay comentarios en No volvemos a ser las mismas personas

No volvemos a ser las mismas personas

Autor: Aleksandr Neplokhov

No sé si todo el mundo lo considera pero yo pensaba que transitar un dolor muy fuerte era momentáneo, que terminaba esa época y regresabas a recuperar quien eras, a tu luz.

Como un camino que tuviste que tomar y regresar a casa para encontrarte ahí con tu versión de antes del suceso.

Pero he caído en cuenta verdaderamente, profundamente, que nunca volveremos a encontrarnos, ya no seremos esas personas que fuimos, esa alegría del pasado acompañada de inocencia es imposible de recuperar.

No significa que no podamos ser felices en el presente pero para obtener júbilo después de tragedias y dolores, ahora tenemos que esforzarnos más, ser conscientes de que estamos buscando la felicidad y no solo sentirla espontáneamente como antes lo podíamos hacer.

Las cicatrices que van dejando las experiencias fuertes de la vida nos hacen cambiar, a veces nos convertimos en personas más temerosas, más resentidas, más reservadas. Ponemos una coraza a la vida y ser auténticos cuesta más.

Encontrar sentido después del dolor es una tarea ardua de exploración y autoconocimiento. Me pregunto cómo es que cuando vamos creciendo más nos conocemos, me causa curiosidad. Cuando somos niñas y niños, no nos conocemos tanto por que no hemos vivido más para saber qué nos gusta y qué no?, qué nos hace reír y qué nos hace llorar?, para saber cómo enfrentaremos rupturas, fallecimientos, pérdida de amistades y sentirnos perdidos también? 

¿Cómo es que nos conocemos? Solo nos miramos y nos conocemos a través de la vida?

Sé que no, no somos solo entes que reaccionan, somos tan complejos, que avanzamos y parece que a veces retrocedemos aunque en realidad nunca retrocedemos porque ya no volvemos a ser los mismos. A veces reaccionamos igual que cuando éramos adolescentes pero ya no lo somos.

Somos, a pesar de la vida, a pesar de los traumas, somos. 

Pero la vida también nos hace descubrir partes de nosotros mismos que en otras circunstancias nunca hubiéramos conocido, desarrollamos herramientas, habilidades para enfrentar y anteponernos a las adversidades pero eso también puede ser cansado.

Y por eso me parece tan complejo cuando decidimos querer cambiar conductas, porque tenemos un pasado, tenemos herramientas a veces pobres o bastas que nos ayudaron a mantenernos a salvo como pudimos.

Querer cambiar conductas que ya no son saludables puede sentirse como bajar la guardia, puede sentirse un miedo profundo y una derrota.

Las personas con historias con traumas pueden ser solitarias, porque tal vez ahí y así aprendieron a sobrevivir y una gran batalla puede ser elegir trabajar en las conductas que les alejan de conectar con otras personas porque se han convertido en su forma de vivir.

Cuando pienso esto sola en mi habitación, cuando me doy cuenta que necesito ayuda también me siento con la vocación de ayudar a otras personas a que pueden sentir lo mismo.

Cambiar toma tiempo y toma mucho esfuerzo y valentía.

Cambiar necesita paciencia para saber que habrá momentos de “recaída” de “retrocesos” de formas no tan funcionales de afrontar las relaciones y la vida. 

Ser una persona que escucha, que comunica sus emociones, que busca reparar, conectar y estar no siempre es fácil para quienes tienen recuerdos dolorosos asociados a la intimidad emocional.

Pero todas las personas merecemos poder tener relaciones íntimas y seguras, donde la ternura, empatía y amor se sienta y se exprese de formas saludables.


Deja un comentario