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Los abusivos a veces se convierten en padres

Los abusivos, a veces se convierten en padres.

Y entonces hay padres manipuladores, padres chantajistas, padres que generan entornos violentos. Padres que menosprecian, humillan o golpean.

A veces escucho discursos que condenan a “los malos hijos” que no visitan a sus padres, que no cuidan o no procuran estar.

Pero entender que los padres abusivos envejecen, es mirar más amplio.

Las relaciones se construyen.

A veces, esos padres esperan una gran recompensa, a pesar de las pobres inversiones que hicieron en la niñez y juventud de sus hijos.

Los padres negligentes, después enfermos, parecen esperar hijos amorosos y atentos, en cambio, reciben grandes decepciones.

Y la sociedad mira a los hijos, con dedos filosos y miradas incesantes.

Los hijos culpables pueden mirar perplejos los señalamientos preguntándose si cuando eran niños, las mismas manos que apuntan severamente hacia ellos, también lo hacían hacia la negligencia, ausencia y violencia que los padres abusivos ejercían.

Parece borrada esa parte de la historia, parece que la sangre que vincula a los hijos es lo único que importa y que todo lo que haya pasado se debe olvidar y perdonar.

La sociedad espera que el amor nazca solo por un vínculo familiar.

Parece que la dignidad y el amor propio pasa a segundo término cuando el abusivo familiar envejece y se deteriora.

El mensaje que escuchan es claro: Hay que olvidar el daño y perdonar eso que a nadie más le perdonarías.

No me parece saludable ni racional.

Y la culpa, como una piedra en la espalda, es el peso que cargan los hijos señalados que eligen alejarse del entorno violento en el que crecieron.

Escuchan murmullos, sienten dedos clavados en la espalda y saben que es el precio que pagan los hijos ante la manipulación del abusivo ahora solitario.


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